Las redes sociales son nuevas formas de interacción dentro de la Web 2.0 que ponen en contacto a personas (usuarios e integrantes de esas redes sociales) bien con intereses o aficciones comunes o con la intención de compartir ciertos ámbitos de su vida personal o profesional con aquellos que participan igualmente de la red.

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Al iniciar mi investigación en la red de redes, Internet, me he topado con Redes sociales: noticias e información, un interesante blog con las últimas actualizaciones al respecto. Al hilo de lo comentado por Garbuix, parece que Bebo, una de las redes top está pensando en echar el cierre, ante el imparable avance de su sempiterna rival Facebook.  

Es evidente el monopolio actual de las redes generalistas. No obstante, las redes temáticas o especializadas comienzan ya a despuntar y demostrar su utilidad en la Web social.

Tal y como explica la revista digital Consumer Eroski en su artículo Redes sociales especializadas, éstas “…en Internet hoy en día son innumerables, tantas como gustos o aficciones, y predominan las que emplean el inglés como idioma principal.” 

Existen redes musicales como Last.fm en la que los usuarios comparten no sólo música sino también conocimientos relacionados y RedKaraoke.es para subir creaciones musicales propias y escuchar las de los demás.

Flixter es una importante red especializada en la que los cinéfilos comparten información y opinan en foros creados al más puro estilo de los tradicionales cine-clubs.

Los amantes de los viajes pueden intercambiar experiencias en TravBuddy.

En cuanto a la literatura, el artículo continúa e indica: “Los catálogos de libros online llevan años proliferando en la Red y su intención es poner las colecciones y bibliotecas de los usuarios a disposición de otros internautas para establecer comparaciones, ver títulos nuevos, valorar los existentes o, sencillamente, establecer conversaciones entre aficionados (…) se van tejiendo redes de amantes de los diversos géneros literarios que se aconsejan y se va conformando poco a poco una gran biblioteca global minuciosamente comentada.”

Además de Library Thing, ya comentada por Javier Leiva en su informe, existen Anobii en castellano (“aNobii provides as much of a books community as you’ll find anywhere”, New York Times) y Shelfari en inglés. Ambas permiten igualmente a los usuarios crear sus propias “estanterías virtuales” a fin de incluir sus libros en un espacio común compartido por el resto de internautas.

Lee Rainie, director de Pew Internet & American Life Project indica que las bibliotecas no sólo pueden participar de las redes sociales al uso sino que se pueden constituir en una red social  diferenciada y única. En la presentación titulada Friending Libraries: Why libraries can become nodes in people’s social networks, explica la importancia de las mismas como vías para la resolución de problemas, enriquecimiento personal y diversión. Además ponen el saber al alcance de las masas.

Sin embargo, el gran público no siempre mira con buenos ojos la digitalización del saber. Pablo Burgueño, tras asistir a la Sesión Técnica de Bibliotecas de la Comunidad de Madrid, ya en el 2008 avisaba en su blog de que “…demostrar al sector público, y más al de las bibliotecas, que las redes sociales son útiles, es como tratar de explicar a una comunidad de vecinos que las antenas de telefonía móvil son seguras. No así a los que acudieron a la jornada, que conocían su utilidad y querían analizar la mejor forma para ponerlas en marcha.”

El fenónemo, sin embargo, es imparable. Con respecto a la participación en redes sociales ya creadas, la Biblioteca Nacional de España cuenta con un perfil en Facebook con casi 50.000 personas registradas, en el que además de interrelacionar a usuarios con intereses comunes, ofrece detallada cuenta de las próximas actividades a realizar, incluye fotos y vídeos, organiza foros de debate… Todo ello paralelamente al funcionamiento de su sitio web (el cual también cuenta con la Comunidad BNEblogs, foros y encuestas).  

La Red de Bibliotecas del Instituto Cervantes también cuenta con su perfil en Facebook. Ofrece a sus más de 2.000 miembros, valiosos enlaces a diccionarios, enciclopedias, catálogos, recursos educativos, libros, revistas y prensa digitalizada, un listado de todas sus bibliotecas, enlaces a sus tweets, entradas del Blog, fotografías, actividades a desarrollar… Asimismo, enlaza a sus perfiles favoritos dentro de la comunidad de Facebook: entre ellos The New York Public LibraryThe Hispanic Society of America y la Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid.

En otros casos, se han creado redes sociales propias que aglutinan a personas con un interés específico en las disciplinas de gestión de la información y del conocimiento. Informacion 2.0, con 596 miembros, utiliza la plataforma Ning para  “compartir, en español, temas y recursos relacionados con las tics en educación, biblioteconomía y documentación” y especifica claramente que es una red social “para los nuevos profesionales de la información y el conocimiento”: vídeos, fotos, foro, blogs y chat son opciones dentro del menú principal de las que los usuarios y miembros pueden valerse.  

Bibliotecas escolares, que de momento cuenta con 48 miembros, también utiliza dicha plataforma para establecer una red social propia: “Este sitio pretende erigirse en un punto de referencia de bibliotecarios y docentes ocupados en la promoción de la lectura.”. En la actualidad, mantiene diez foros de discusión abiertos, da debida cuenta de las actividades venideras y permite la publicación de entradas en su blog.

Ante tal proliferación de contenidos en la Web social es importante pararse y reflexionar sobre el fenómeno. Javier Celaya en Utilidades de la web móvil para profesionales de la información trata de “definir la presencia de las bibliotecas en las redes sociales“. Comenta que  “las bibliotecas deberían preguntarse por qué quieren tener un perfil en las redes sociales”  ya que pueden perseguir dos objetivos fundamentales: informar a sus usuarios o captar nuevos “clientes”, lo que daría lugar a un enfoque y contenidos diferentes.

También se pregunta “¿qué tipo de contenidos publicaremos en ese perfil?” porque en algunos casos las bibliotecas se limitan a publicar la misma información que aparece en la página Web y el contenido llega al usuario a través de canales paralelos.

Llegados a este punto, estoy de acuerdo con Javier Celaya. La rápida proliferación de las nuevas tecnologías podría provocar una ilusión falsa de márketing y difusión fácil y rápido y provocar resultados muy diferentes a los que se persiguen (el usuario se “infoxica” y acaba confundido ante tamaña demostración divulgativa).

No obstante, los objetivos principales de la inclusión de las bibliotecas en las redes sociales es muy loable: informar y mantener a los usuarios interconectados. Por ello, los posibles aspectos negativos no tienen el suficiente peso como para desechar la adopción de la Web 2.0 en el ámbito bibliotecario.

Marta Moreno Lobera